Artículo III-186.1
Corresponderá en exclusiva al Banco Central Europeo autorizar la emisión de billetes de banco en euros en la Unión. El Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales podrán emitir dichos billetes. Los billetes emitidos por el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales serán los únicos billetes de curso legal en la Unión.

El Banco Central supone la consolidación de uno de los monopolios más absurdos y nocivos de los que goza el Estado.
Por un lado, se concede al Banco Central el privilegio del curso legal, es decir, aquel dinero que emite deberá ser reconocido y aceptado como tal por todo el mundo. Un acreedor no podrá negarse a cobrar en el dinero emitido por el Banco Central.
Así pues, el dinero puede envilecerse hasta límites insospechados sin que nadie pueda libremente rechazarlo. Se nos puede dar gato por liebre, pero estaremos obligados, aún sabiéndolo, a aceptar el gato.
Por otro, ligado al anterior privilegio, se le permite emitir en exclusiva ese dinero. De esta manera, adquiere pleno significado nuestra afirmación anterior; aunque el Banco devalúe hasta límites insospechados nuestro dinero, estamos compelidos a aceptarlo.
La consecuencia lógica es la tremebunda inflación que viene sufriendo Occidente desde principios del siglo pasado. Nuestro poder adquisitivo ha sufrido una continua mengua como consecuencia de la expansión de la oferta monetaria auspiciada por los Bancos Centrales, testaferros gubernamentales.
Mas la maldad del Banco Central no termina ahí. Desde su nacimiento fue concebido como un instrumento en manos, no sólo del gobierno, sino de la casta bancaria. Dado que los bancos comerciales no están obligados por ley a mantener el 100% de sus depósitos, ante las más que probables situaciones de insolvencia, el Banco Central se configuró como un prestamista de último recurso. En otras palabras, inflaría la oferta monetaria tanto como fuera necesario para mantener el negocio de los bancos comerciales.
Las consecuencias de esta actividad fraudulenta, aparte de la consabida inflación, han sido
suficientemente estudiadas por la
teoría económica. Las malas inversiones se incrementan, dando la ficticia sensación de una burbuja de prosperidad, para luego caer en una inexorable crisis económica. El celebérrimo crack del 29, o más recientemente la crisis de las telecomunicaciones, son sólo algunos ejemplos históricos.
En definitiva, con el Banco Central, toda la ciudadanía, mediante la restricción de nuestras libertades, el paro, la pobreza y la mengua de nuestro poder adquisitivo, pagamos el enriquecimiento ilícito de los burócratas y los banqueros.